Efraín González Morfín. Textos Selectos

Efraín González Morfín. Textos Selectos
Antología por Carlos Castillo
Fundación Rafael Preciado Hernández
México, 2018
pp. 437


Felicito a la Fundación Rafael Preciado Hernández y al PAN por la publicación de Efraín González Morfín. Textos Selectos, antología de Carlos Castillo. Que ha hecho un gran trabajo.

El conjunto de los textos seleccionados ofrecen una poderosa reflexión, en base a teoría política sólida, en diálogo con la realidad de un país como el nuestro.

De Fernando Rodríguez es el ensayo introductorio y de Javier Brown y Rafael Estrada los ensayos sobre la obra Cambio democrático de estructuras. Los tres textos son una guía de lectura y ofrecen ideas sugerentes sobre la obra de Efraín González Morfín.

El libro es una obra importante que debe ser conocida por todos los panistas, por académicos y políticos de otros partidos y por la ciudadanía interesada en los temas políticos y sociales.

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Agradezco a Fernando la invitación a la presentación del libro. De esta invitación se derivó, cosa que también le agradezco, empezar el estudio de Efraín chico. Que nació el 5 de junio de 1929, en Guadalajara, y murió el 21 de octubre de 2012, en Zapopan.

Su figura siempre me ha sido familiar, lo conocí, pero no lo traté, y desde hace mucho tiempo tenía la inquietud de saber más sobre su vida y obra. Ya empecé.

Entre Efraín y yo, guardadas todas las distancias, hay algo en común. Los dos estuvimos en la Compañía de Jesús 14 años. Él de 1945 a 1959 y yo de 1966 a 1979.

Los dos estudiamos teología y pudimos habernos ordenado sacerdotes, pero no lo hicimos. Él, meses antes de esa posibilidad, salió de la Orden cuando estudiaba teología en Innsbruck, Austria, para empezar una nueva etapa de su vida. Y yo salí, para incorporarme a la guerrilla en El Salvador.

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En la presentación de un libro hay tres posibilidades:

Hablar del personaje, de quien escribe.

Hablar del contexto, de la realidad en la que se escribe.

Hablar del texto, de lo que se escribe.

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Ahora quiero hablar del personaje. Otros, aquí presentes, ya hablaron del texto y de la vigencia de las ideas de Efraín. En estos días he reunido material de entrevistas y escritos. Les comparto unas primeras notas.

Al primero que llamé, ahora que empiezo mi trabajo de conocer mejor a Efraín, fue al doctor Jorge Alonso Sánchez, profesor-investigador del CIESAS-Occidente e investigador emérito del Sistema Nacional Investigadores (SIN) y Doctor Honoris Causa del Colegio de Jalisco.

A Jorge, el doc, para sus amigos, lo quiero y le debo mucho. Él también fue jesuita y ha estudiado el pensamiento de Efraín González Luna. Efraín grande.

Jorge fue alumno de Efraín chico.

A mis primeras preguntas sobre él, Jorge me respondió:

“Lo que yo destacaría de Efraín chico, es su sapiencia, inteligencia, y profundidad. Fue un gran hombre, de esos que hay pocos.

Con él, en 1968 y 1969, estando en teología, estudiamos a Carlos Marx junto con Porfirio Miranda, que fue quien lo invitó. Efraín, lo primero que hizo fue meternos a estudiar en serio a Hegel, para entenderlo. Era muy acucioso y atinado.

Efraín hizo los primeros análisis de los informes presidenciales, para desentrañar lo que había de avances y cuáles eran los grandes problemas que permanecían.

De él aprendí a realizar esos análisis que después hicimos en Ajusco. Nunca le gustó que el poder económico se apoderara del PAN, para hacerlo su instrumento.

Quiso que el PAN fuera instrumento ciudadano de la gente común, con la perspectiva de la inspiración de las grandes encíclicas sociales.

Desde los años setenta destaco el Solidarismo, no la caricatura clientelar de solidaridad de Salinas.

Fue un hombre íntegro, con principios que no se vendió ni cambió.

Fue un hombre crítico de la política mexicana y de su propio partido al que tuvo que renunciar cuando la extrema derecha lo capturó.

Creo que de esos políticos hay pocos y que él fue un ejemplo a seguir.

Otro rasgo, también poco común, fue que cuando el PAN necesitaba un fuerte candidato contra Echeverría, él era de la opinión de ya no participar en elecciones que estaban controladas por el Estado.

Pese a que esa era su posición, cuando su partido le propuso que fuera el candidato tuvo que aceptar porque ponía lo común por encima de lo particular.

Cuando la voluntad de la gente fue capturada por un grupo de poder, entonces ya no se plegó. Hizo una campaña ejemplar con contenidos muy avanzados. Como diputado fue muy responsable y era un excelente orador.

A su salida de la Orden, ya de regreso a México, lo arropó Manuel Gómez Morín. Para la familia González Luna-Morfín que tenía cuatro hijos jesuitas que uno saliera era muy pesado. Efraín tuvo la entereza de mantener una decisión que en esos momentos era muy crítica”.

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Efraín, el cuarto de ocho hermanos, seis hombres y dos mujeres, tuvo tres hermanos jesuitas. Los tres se ordenaron y murieron estando en la Orden. Adalberto, profesor de teología, y Luis y Manuel, dedicados a tareas pastorales. Conocí a los tres. Tuve relación con Luis y Manuel.

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La formación de los jesuitas marca. Algunos dicen que siempre se es jesuita, aunque ya no se esté en la Orden. Pienso que Efraín, vivió esa realidad.

En 1945, a los 16 años, entró a la Compañía de Jesús en el noviciado de San Cayetano, en Santiago Tianguistengo, Estado de México. Ahí también lo hice.

La experiencia más fuerte del noviciado, es única, son los Ejercicios de mes de san Ignacio de Loyola. Un mes de silencio que te enfrenta contigo mismo, en la búsqueda de conocer y experimentar a Jesús, y entender, de manera personal, lo que Dios te pide.

Pienso que esa experiencia es la que genera ese algo tan especial que identifica a los jesuitas y a los que lo han sido. A los antiguos jesuitas como se les conoce en la Orden.

Es una manera de ver la vida, de vivir la fe y de relacionarte con Dios. Esa experiencia, que marca, construye identidad y pertenencia a una tradición de ya 500 años. Efraín, de los testimonios que he recogido, nunca dejó de identificarse con ella y siempre le fue relevante.

Luego estudió dos años de juniorado, etapa dedicada a la lectura y estudio de los clásicos griegos y latinos y también de los clásicos contemporáneos de la literatura universal y mexicana. Años dedicados también al estudio del arte, del cine, a la práctica de la escritura y al estudio del griego y el latín. Efraín fue un alumno notable.

Esos estudios los hizo en Ysletta College, casa de estudio que la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús tuvo en Estados Unidos. Tengo dudas si los tres años de filosofía los hizo en Ysletta o ya en el filosofado de los jesuitas en Río Hondo 1, donde ahora está el ITAM. Ahí hice la filosofía.

Luego vino el magisterio. Dos años como profesor en el Colegio Pereyra de Torreón, Coahuila. Etapa de la formación de los jesuitas antes de iniciar los estudios de teología que él realiza en la Universidad de Innsbruck, Austria. Fue discípulo de gran teólogo alemán, el jesuita Karl Rahner.

Después de salir de la Orden hizo algunos estudios en La Sorbona, de París.

A su regreso de Europa, tiene 31 años, se gradúa de abogado en la Universidad Iberoamericana.

Efraín se manejaba, con diferencias en su dominio, en diez idiomas. Los aprendía, dice Jorge Alonso, por “por el prurito de leer y entender a los autores en su lengua de origen. En las trayectorias del auto llevaba grabaciones para no perder el tiempo. Ese espacio también lo aprovechaba para sus aprendizajes de idiomas”.

Escribía sus notas personales en griego y en alemán. En 1970, a los periodistas que cubrían la campaña presidencial eso siempre les despertó curiosidad.

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“Mi padre, dice el menor de los hijos de Efraín, siempre trató de vivir al modo ignaciano, tenía una memoria prodigiosa, una lógica arrolladora, una manera de hablar elegante y concisa que lo llevó a tener una vocación por lo académico, pero fue el amar y recibir amor lo que lo hizo involucrarse en la política”.

Él, también afirma, que su padre tuvo un profundo amor a Jesús y a los libros. Siempre entregado al estudio. Y que como padre y abuelo era muy amoroso. Su pasión fue la política y la actividad docente.

La familia de Efraín chico, donó a la Biblioteca Dr. Jorge Villalobos Padilla, SJ del ITESO el acervo personal de éste. Son ocho mil libros. Entre ellos 22 obras del propio Efraín. Son textos de religión, política, historia, literatura, derecho, filosofía y economía. Temas que siempre interesaron a Efraín.

Es una fuente clave para estudiar y entender a Efraín. Las bibliotecas personales son historias de vida que nos dicen mucho sobre quienes las formaron. El rector del ITESO, en ese momento el padre jesuita José Morales, al recibir la donación dijo: A través de estos libros se puede seguir “su caminar intelectual como militante, directivo y candidato presidencial del Partido Acción Nacional. Pero, sobre todo, como intelectual preocupado por los derechos humanos, la educación, la filosofía y el quehacer político”.

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El historiador jesuita Jesús Gómez Fregoso, Chuchín, en 2012, a la muerte de Efarín escribió:

“El incansable Efraín González Morfín, muy a su pesar, descansa ya. Lo conocí desde enero de 1949. No fui compañero estricto de él porque me ganaba en edad por cuatro años.

Siempre sus compañeros hablaban de él como de alguien de muy brillante inteligencia y, como todos sus hermanos, de muy buen humor igual que su hermano Adalberto, muerto hace pocos meses, y de quien tuve el privilegio de ser su alumno.

Ambos, Efraín y Adalberto, muy orgullosos de su “tapateidad” ¿o tapatieidad? (…)

Cuando preparaba mi tesis de licenciatura en Historia en la Ibero de México, allá por 1963, me encontré entre los papeles del archivo muerto de mi maestro Daniel Olmedo un trabajo escolar de Efraín: los textos en que Clavijero, en su Historia Antigua de México, hablaba de su historia personal (…) Su trabajo lo añadí como un anexo a mi tesis (…).

En vísperas de recibir la ordenación sacerdotal, Efraín, con su análisis de la vida y su cristianismo vital, pensó que su papel, en esta vida, no estaba como sacerdote jesuita, sino en el camino arriesgado que su papá había escogido: incursionar en la vida política de este pobre México, con decenios del dominio aplastante de un partido que manejaba la dictadura perfecta. Efraín continuó con la utopía en que su papá se había embarcado.

Recuerdo que Doña Amparo Morfín, esposa de Efraín González Luna me contó que su marido, la víspera de comenzar su campaña presidencial en 1952, fue al templo de San Felipe Neri, que en aquel tiempo era de los jesuitas, aquí en Guadalajara, para pedir la bendición al padre Alfonso Castiello, su consejero espiritual, y el padre, conmovido y asustado, le dijo: “Don Efraín, lo que Usted va a hacer ¿no le parece un sacrificio inútil?”. A lo que Don Efraín le contestó: “padre, no me diga que el sacrificio de Jesús en la cruz fue algo inútil”.

Efraín chico, Don Efraín González Luna Morfín, heredó de sus padres un sentido vital y muy sincero de lo que es ser cristiano. De joven pensó que su vocación era servir a Dios y a la Iglesia en la Compañía de Jesús; después la vida lo llevó a modificar sus ideas juveniles y adaptarlas inteligentemente a la realidad de México.

(…) Efraín, como su padre, era de una pieza, consciente de que como cristiano tenía como primordial papel la búsqueda de la justicia.

No puedo dejar de comentar que su mamá, Doña Amparo, allá en 1918, capitaneó a las jóvenes tapatías para obligar al gobernador Manuel Macario Diéguez a derogar el famoso Decreto 1913, que limitaba el número de sacerdotes en Jalisco. Doña Amparo recordaba cómo las verduleras y menuderas del mercado empuñaban cuchillos amenazando a Manuel Macario. Cuando, allá por los años setenta, daba yo clases de Historia de México a los seminaristas jesuitas, terminaba yo el curso en casa de Doña Amparo que narraba con entusiasmo sus aventuras juveniles enfrentándose a Manuel Macario.

Durante los últimos años, Efraín iba a su misa semanal los sábados a Villa María, casa de jesuitas ancianos, acompañando a su hermano Adalberto en su silla de ruedas. Debo confesar que yo me sentía un poco cohibido, al comentar el Evangelio, teniendo como oyentes atentos y amables a Efraín y Adalberto, quienes ahora ven ya cara a cara al que fue objeto de muy buena parte de sus laboriosos estudios: al Dios de la Historia y de la vida”.

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Irma Pía González, sobrina de Efraín, y yo trabajamos con el presidente Vicente Fox (2000-2006). Ella antes fue coordinadora de comunicación del gobernador Alberto Cárdenas (1995-2001) y luego subsecretaria de Gobernación con el presidente Felipe Calderón (2006-2012).

Cuando le pregunto de su tío me dice:

“Todos los sobrinos tenemos recuerdos, imágenes e incluso marcaje del tío Efraín. El tío que encarnaba la intelectualidad, la política y la congruencia (…) Siempre nos sorprendía con su conversación, con su estar actualizado en todos los temas y su capacidad, para dialogar con todos.

Es el tío congruente que nunca quiso hacer dinero y siempre se dedicó a estudiar, a leer, a ayudar y a orientar (…) Mi papá me contó que en varias ocasiones le ofreció su despacho y le dijo que trabajara allí, que le iba a ir muy bien. No quiso y siempre le dijo que a él le gustaba el estudio, la investigación y no el ejercicio de la profesión como tal.

Siempre prudente, pero cuando se necesitaba decir, actuar, ubicar, denunciar lo hacía sin temor a nada ni a nadie (…).

Siempre lo ubiqué con mi tía Monique, que fue su compañera, ella era la que lo ubicaba, que lo ponía en su lugar y sin bronca alguna. Ella lo contradecía y hasta lo regañaba. Quien más lo iba a hacer.

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Efraín fue hijo de Amparo Morfín González y Efraín González Luna, quien en 1952 fue el primer candidato a la presidencia de la República, por el PAN.

¿Cuál fue la relación con su padre y con su madre? Hay una intensa correspondencia con ellos. Ahí hay una gran fuente, para conocer más y mejor a Efraín.

La primaria, la secundaria y la preparatoria la estudia en el Instituto de Ciencias dirigido por los jesuitas de 1934 a 1945. ¿Qué pensaba de ellos? ¿qué de su formación de esos años?

En 1959, al regresar de Europa a México, ingresa al PAN.

¿Cuáles eran sus dudas e inquietudes después de 14 años en la Orden? ¿Cuáles sus proyectos? ¿Cómo enfrentó la tensión familiar ante su salida?

En 1960 se casa con Monique Marseille Orendáin. Tuvieron cinco hijos: Pablo, Juan, Verónica, Santiago y María que murió de recién nacida.

¿Cómo vivió el matrimonio y a sus hijos? ¿Cómo la pérdida de su última hija?

En la Ibero fue maestro y director del Departamento de Derecho. En 1975 deja la Ibero.

¿La academia era el lugar donde se sentía bien? ¿Qué quería transmitir a sus alumnos?

En la Legislatura 1967-1970 es diputado federal. Sus intervenciones siempre provocaban interés y eran escuchadas.

¿Qué pensaba? ¿Cómo preparaba sus intervenciones?

En 1970 como candidato a la presidencia obtiene 1,945,000 votos, el 13.82 % de la votación. En ese momento la más alta registrada por el PAN.

¿Cómo vivió esa experiencia? ¿Qué pensó del resultado?

En 1975 presidente del PAN Nacional y en ese mismo año deja el cargo. En 1979 renuncia al partido.

¿Por qué no quiso seguir? ¿Que lo decepcionó?

Ya en Guadalajara, da clases en el ITESO y en la Universidad de Guadalajara.

Su único cargo en el gobierno fue ser secretario de Educación en Jalisco, invitado por el Gobernador Alberto Cárdenas Jiménez (1995-2001). Estuvo cuatro años. En ese entonces tenía 65 años.

¿Qué pensó del ejercicio de gobernar? ¿Era lo que se imaginaba?

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En los años setenta, Efraín elabora la concepción del Solidarismo y con otros compañeros da forma al movimiento que se propone empujar esa propuesta político-social. Es la elaboración más acabada, compleja y a la vez simple, del pensamiento político-social de Efraín chico.

Jorge Alonso me ha proporcionado las entrevistas que años atrás hizo a Carlos Petersen, “el papá de los Petersen”, amigo desde la infancia de Efraín. Estudiaron juntos en el Instituto de Ciencias, en Guadalajara. Él participa activamente en el movimiento solidarista.

Es un material clave, que explica cómo construyeron esa alternativa política, a qué se enfrentaron y cuál fue el destino del movimiento. Y también me dio unas cuartillas donde Jorge hace su análisis sobre el Solidarismo. Ahora estudio esos materiales.

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A Efraín, el presidente Ernesto Zedillo (1994-2000) le ofreció, a través de Esteban Moctezuma, ser ministro de la Suprema Corte de Justicia y no aceptó. ¿Por qué? ¿Por una posición política, por congruencia, por humildad?

El papa Juan Pablo II le propuso, a través del nuncio, que se convirtiera en un heraldo de la doctrina social en América Latina y no aceptó. ¿Por qué?

Efraín sólo tuvo un cargo en el gobierno. ¿Por qué? ¿No le interesaban los puestos públicos? ¿Le interesaba más el análisis de la política que la acción política?

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Me pregunto y les pregunto:

¿Cómo se forman un ser humano como Efraín?

¿Qué le dice hoy su vida y su obra al que fuera su partido?

¿Qué les dice su vida y su obra a los militantes y simpatizantes del PAN?

¿Qué les dice su vida y su obra a la política y a los políticos?

¿Qué les dice su vida y su obra a los académicos dedicados al estudio de la política?

¿Qué nos dice su vida y su obra a las y los que estamos hoy aquí?

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