Levítico

Levítico

Biblia de América

PPC Editorial

Madrid, 2013


El Levítico es el tercero de los cinco libros que integran la Torá (La ley) de los judíos o el Pentateuco de las distintas denominaciones cristinas. En la versión griega de los setenta el nombre significa “destinado a los levitas” y en la Torá se le designa con la palabra hebrea Vayikra (Él llamó), con la que inicia el texto. Leví es uno de los doce hijos de Jacob, y dentro de los integrantes de su tribu se elige a los sacerdotes.

 

El texto recoge una tradición oral de por lo menos 1,500 años que se redacta hacia el siglo VI a.C. La versión escrita es producto del trabajo de diversos autores, de diferentes contextos y épocas y su relato está influido por la realidad en la que viven. En la redacción del libro, como en todos los que integran el Pentateuco, están presentes cuatro tradiciones teológicas: La yahvista, la elohista, la sacerdotal y la deuteronomista.

La narración no registra ningún movimiento geográfico y todo ocurre al pié de la montaña del Sinaí, en la que Dios desciende para dar la Ley, después de la salida de Egipto. El texto plantea que los israelitas, en la prolongada estancia como esclavos en Egipto, habían adoptado costumbres de esa cultura y realizaban prácticas paganas, que debían ser desterradas. Hay quienes plantean que “en el Éxodo vemos cómo Dios saca a su pueblo de Egipto. En el Levítico vemos cómo Dios saca a Egipto de su pueblo”.

Para contrarrestar la influencia egipcia, Dios da a Moisés las leyes y normas que ahora van a regir la vida de Israel. Con éstas los sacerdotes pueden guiar al pueblo hacia la santidad y a Dios dar el culto que pide. Las leyes y normas que se proponen en el Levítico no se limitan a la esfera religiosa sino que también contemplan todos los aspectos de la vida del pueblo.

El Levítico es un libro único, el primero de su tipo en la historia, que norma y regula, de manera detallada y precisa, la vida religiosa y moral de un pueblo. El texto se propone contribuir a construir la identidad de una nación y en ese mismo proceso desmarcarse de la influencia de los pueblos vecinos. La idea teológica central es la santidad de Dios, que exige también la santidad de los sacerdotes y del pueblo. El texto se estructura en cinco secciones: a) Ley de los sacrificios(1-7). Se adjudica a los sacerdotes del templo de Jerusalén; b) Ley de consagración de los sacerdotes (8-10); c) Ley de la pureza ritual (11-15); d) Ley del día de la Expiación (16); e) Ley de santidad (17-26). Predomina la idea de santidad; e) Ley sobre los votos y diezmos (27). Es una adición posterior al código sacerdotal.

La lectura del texto en ocasiones es tediosa, por la gran cantidad de detalles que se ofrecen para realizar tal o cual ceremonia. A pesar de esto me resultó interesante. Me permitió conocer las leyes y reglamentos que organizan el servicio religioso y las normas morales de un pueblo en construcción a partir de sus ideas religiosas. Me quedó con la impresión de un formalismo excesivo y de una religión externa que se agota en el cumplimiento de las normas y los sacrificios que las acompañan. Estudioso del texto plantean, con todo, que no se trata de una religión solamente “externa” sino que en el mismo texto se afirma que los sacrificios y diezmos no valen, no son agradables a Dios, si no se realizan con fe y humildad y al mismo tiempo se reconocen las faltas, hay arrepentimiento y gratitud a Dios. Así, el cumplimiento de la norma y los sacrificios deben salir del corazón.

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