Las Euménides

Las Euménides
Las siete tragedias
Esquilo
Editorial Porrúa
México, 1963


Las Euménides es la última tragedia de la trilogía la Oristíada, le anteceden Agamenón y Las coéforas. Esquilo (526 a.C.-456 a.C.) cierra con esta obra la cadena de muertes en el seno de la familia de Agamenón. El nombre hace referencia al cambio de actitud, que al final de la obra, tienen las Erinias, las innombrables, que son las diosas de la venganza que persiguen a Orestes tras haber dado muerte a su madre.

Orestes acude al santuario de Delfos, el principal templo de Apolo, con el fin de justificar haber matado a su madre Clitemnestra, para vengar, por orden de los dioses, a su padre Agamenón. Dormidas, a un lado de él están las Erinias, que quieren vengar el matricidio. Clitemnestra, madre de Orestes y Electra, asesinó a su marido Agamenón que a su vez, por un oráculo divino, había sacrificado a Ifigenia, hija de ambos.

Apolo, incapaz de liberar a Orestes de la furia de las Erinias, le aconseja huya Atenas, bajo la protección de Hermes, y ahí se someta al juicio de la diosa Atenea. Apolo lanza un conjuro sobre las diosas de la venganza, que lo persiguen, para retrasarlas.

Ya en la ciudad, la diosa Atenea decide que un jurado de doce atenienses juzgue a Orestes y decida si éste merece o no un castigo. Las Erinias aceptan se realice un juicio y dicte sentencia, pero protestan porque ahora hay leyes que impidan el castigo inmediato y sin contemplaciones de los crímenes de sangre.

En el Areópago, Apolo actúa de abogado de Orestes y las Erinias de Clitemnestra. Las diosas de la venganza de sangre sostienen que, si no se condena a Orestes, cualquiera se sentirá con el derecho de actuar por su propia cuenta para vengarse. En el recuento de los votos hay empate. Atena está a favor de Orestes.

Las Erinias reclaman a Atenea por el cambio de las viejas leyes, pero se someten al veredicto. La diosa, entonces les da otro nombre, las Euménides (benevolentes). Estas son honradas por los atenienses. Atenea declara que en el futuro los empates entre los jurados deben resolverse en beneficio del acusado y éste debe ser absuelto.

Esquilo en esta tragedia presenta y celebra la nueva justicia ateniense que sustituye la justicia privada, la venganza por propia mano, para dar lugar a una justicia que emana de las instituciones como conquista de la democracia. Los jueces son humanos y no dependen de los dioses, para tomar su decisión. Así, la diosa Ate

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