Agamenón

Agamenón
Las siete tragedias
Esquilo
Editorial Porrúa
México, 1963


De la tragedia griega la única trilogía que se conserva completa es la Orestíada de Esquilo que se integra con Agemenón, Coéforas Las Euménides. La primera se representa en 458 a.C. en las fiestas Dionisias de Atenas y gana el primer premio. Se basa en hechos narrados en la Ilíada de Homero.

En el palacio real de Agamenón, donde se encuentra Clitemnestra, su esposa, hay un vigía que aguarda desde hace 10 años la señal, que será emitida por una serie de otros vigías, que hará saber, a los habitantes de Argos, si Troya ha caído en manos de los aqueos.

Hace una década que salieron de su ciudad, para vengar la afrenta causada por el príncipe Paris que se lleva a Helena, para Troya, con el consentimiento de ésta, que es la esposa de Menelao y reina de Esparta. La guerra y el sitio de Troya se originan en este conflicto.

Clitemnestra aguarda con aparente alegría la llegada de su esposo, el jefe de los guerreros griegos que fueron a Troya. Agamenón, en el camino de regreso, sacrifica a Ifigenia, su hija, en honor de Zeus, para dar cumplimiento al oráculo que consultó y le dijo que debía hacer eso, para que los vientos le fueran propicios.

Tiempo después Agamenón llega a su palacio en Argos con Casandra, la profetisa troyana que le tocó en suerte después del reparto de mujeres en Troya como botín de guerra. En el palacio aguarda pacientemente Clitemnestra, su esposa.

Ella lo recibe con muestras de afecto desmesuradas, que él acepta, pero no son de su agrado. El punto álgido de la tragedia sucede cuando Clitemnestra invita a Agamenón a entrar en el palacio.

Casandra, la adivina troyana, en ese punto empieza a dialogar con el coro de ancianos, y les advierte de que algo malo está por suceder tanto a su amo Agamenón y a ella misma.

Clitemnestra en el baño del palacio degolla a Agamenón. Casandra predice que ella será la próxima víctima de ésta y eso es precisamente lo que sucede.

Egisto, el amante de Clitemnestra en estos años de ausencia de su marido, se jacta de haber planeado el asesinato de Agamenón. Él, con todo, no se atreve a matar al rey y lo tiene que hacer ella.

Clitemnestra se enorgullece de su acción y admite que lo deseaba hacer desde que se enteró del sacrificio de su hija Ifigenia. Augusto, con el asesinato de Agamenón, se venga de las afrentas que éste hizo a su padre Tiestes.

Esquilo con esta obra penetra en el drama de las vidas de sus protagonistas. El destino es un hecho inamovible e incapaz de cambiar. Los personajes no pueden escapar a lo que ya está escrito sobre ellos.

Los personajes de la tragedia se rigen por la voluntad divina sin cuestionamientos. En todos los casos el destino implacable les cobra factura y no hay forma de evadirlo y evitarlo. En esta concepción divina, no existe libre albedrío ni libertad.

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