Gloria Contreras: Las raíces rusas en el ballet mexicano

Gloria Contreras: Las raíces rusas en el ballet mexicano
Boris Illarionov
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
México, 2009
pp.274


De Rusia con amor vía Nueva York:
Gloria Contreras y el ballet ruso

Rubén Aguilar Valenzuela

Soy mexicana, pero en mi vive el espíritu ruso
Gloria Contreras

Hoy, como siempre, nos convoca Gloria.

El motivo; la presentación del libro Gloria Contreras: Las raíces rusas en el ballet mexicano, de Boris Illarionov, historiador y crítico de ballet. Me congratulo por esta publicación de CONACULTA.

El trabajo de Illarionov, de la Universidad Estatal de San Petersburgo, es un acucioso análisis de la obra y el aporte de Gloria. Es un texto fundamental, para entender el trabajo de “la figura más importante de la danza mexicana”, como la califica el entrañable y generoso Guillermo Arriaga.

La trayectoria de Gloria, con más de 200 creaciones, puede ser abordad de múltiples maneras como lo hace el autor del texto. Yo ahora voy a subrayar la influencia fundamental que en ella tuvo el ruso Georgi Balanchivadze, que no es otro que George Balanchine (1904-1983).

El formidable coreógrafo ruso nación en San Petersburgo y de 1921 a 1924 bailó en el escenario del Teatro Mariinsky. Ese año abandona Rusia y de 1925 a 1929 trabaja en el Ballet Ruso de Sergei Diaghilev. En 1933 se establece de manera definitiva en los Estados Unidos. En ese país va a influir de manera definitiva en la formación del ballet.

El encuentro:

Gloria, como sabemos, encuentra a Balanchine en Nueva York. Ella va a estudiar en búsqueda de su superación personal y como bailarina. En esa ciudad crea sus dos primeras coreografías El Mercado (1958) y Huapango (1959) que presenta al ruso.

Cuando Balanchine las ve; de la primera elogia sus movimientos plásticos y de la segunda, pese a no gustarle, hace comentarios sobre la buena exposición y desarrollo de los temas.

Él, en esa ocasión, le pregunta por qué quieres ser coreógrafa. Ella responde: Porque me interesa crear y expresar trabajando con los cuerpos, partiendo de sus posibilidades. Él comenta: Construir con los cuerpos es la única manera de crear la danza.

Balanchine vio desde el primer momento que Gloria era una coreógrafa y que debería dedicarse a componer danzas. A partir de entonces le otorgó una beca y le permitió usar los salones de la Escuela de Ballet Americano donde él enseñaba y ella estudiaba.

Le dio también la oportunidad de ahí montar dos obras de la compañía que ella había fundado en 1962, The Gloria Contreras Dance Company, que fueron Serenata concertante y Ocho por radio. La ruptura con Balanchine viene cuando ella espera su primer hijo. El no toleraba que “nada” interfiriera en el trabajo artístico. Nunca más se volvieron a encontrar, pero su influencia será definitiva.

La influencia:

De Balanchine dice Illarionov: “buscó los medios de trasmitir, en el movimiento puro de la danza clásica, profundas estructuras musicales, sin conformarse sólo con las analogías superficiales entre los sonidos y los movimientos”.

Eso mismo pienso, así lo veo, puede decirse de Gloria, la discípula de Balanchine. Ella siempre lo ha reconocido como su maestro y la persona que más influyó en su concepción del ballet y también en sus creaciones.

Balanchine, como lo propone Illarionov, “apoyándose en las imágenes y las tradiciones clásicas, adoptó la idea de una danza sin trama basada en las leyes sinfónicas creadas por Petipa. Balanchine, continúa, desarrollo esa idea y le dio una forma lógica, acabada, depurada”

El autor afirma que Gloria es seguidora “de los principios de interacción entre la música y la danza que él (Balanchine) trasmitió: las ideas de expresividad independiente de la danza abstracta pura y el principio denominado sinfonismo coreográfico en la crítica del ballet ruso. Por lo tanto, es justo examinar las obras concretas de Conteras y su labor creativa en general desde el punto de vista del sinfonimso coreográfico (dancístico) – un principio de la composición de la danza y la estructura del ballet – que se remonta a la práctica del teatro del ballet ruso de la época de Petipa”.

Gloria, a través de Balanchine, no sólo se pone en contacto con la formidable y muy potente tradición del ballet ruso, sino lo hace con la mejor que en ese momento ella puede ofrecer. La influencia de ese encuentro será decisiva y ha estado siempre presente en cada una de sus obras.

La discípula:

Gloria dice que su formación la hizo en Nueva York, pero que sus maestros siempre fueron rusos. “El más importante, el que formo mi visión del mundo, fue George Balanchine”.

El maestro ruso nunca tuvo alumnos en el sentido tradicional de la palabra, pero a Gloria con carácter de excepción, “le ofreció” – como dice Nikita Dolgushin – condiciones especiales, le permitió estar cerca, observar su proceso de trabajo, entrar en la atmósfera de su creación, impregnarse de su musicalidad, su don de la composición dancística. Gloria lo absorbió todo”.

Ella siempre ha dicho que no imita a su maestro, que él “inventaba movimientos por el movimiento mismo, más por la forma que por el contenido. El transmitía lo espiritual a través de lo estético”, y continúa, “prestaba mucha atención a la forma musical”, pero para mi, en cambio, “lo más importante es el hombre. Procuro lograr que cada movimiento refleje el alma del danzante, hable de sus sentimientos”.

De los ballet de Gloria dice Lev Guitelman, en el prefacio del libro que comentamos, son “imaginación incontenible, poesía y, al mismo tiempo, un deseo real de entender al hombre en su pasado y en lo que le emociona hoy en día: la historia y la actualidad”.

La dialéctica maestro-alumna, la propia de Balanchine y Gloria, ha estado siempre presente en el trabajo de la mexicana. Ella es, siempre lo ha reconocido, lo hacen también los críticos rusos, heredera del ballet ruso, de la estupenda y potente tradición de Marius Petipa, Mikhail Fokine, Fedor Lopukhov y Kasián Goleizovsky, que llegó a ella por Balanchine.

Para concluir:

Me pregunto, les pregunto:
¿Qué admirar más de Gloria esa mexicana de espíritu ruso?
¿Su talento, disciplina, constancia y entrega?
¿Su dulzura, sensibilidad, creatividad?
¿Su sentido de la belleza y su capacidad de arriesgar?
¿Su fidelidad a sus convicciones?

Yo tengo una respuesta: Me quedo con todo, me quedo con ella, con Gloria Contreras.

Muchas gracias.

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Gloria Contreras (1934):

María del Carmen Gloria Contreras Röniger nació en la Ciudad de México en 1934. Su pasión por la danza surgió, dice ella, desde muy pequeña cuando “prendía el radio y empezaba a bailar”. Más tarde, cuando ya podía alcanzar el tocadiscos con la ayuda de una silla, seleccionaba los discos de 78 revoluciones de su padre y creaba sus propios bailes.

Gloria contreras se ganó primero la fama en Nueva york y en 1970 regresa a México, para fundar el Taller Coreográfico de la UNAM, con el apoyo de Eduardo Mata. Cuenta con un repertorio de más de 210 coreografías, la mayoría de ellas creadas para el Taller Coreográfico de la UNAM.

La coreógrafa ha recibido reconocimientos como la medalla Una vida para la danza otorgada por el Instituto Nacional de Bellas Artes, en 1989; Premio Universidad Nacional 1995 en el área de creación artística y extensión de la cultura, 1995; y el Premio Nacional de Ciencias y Artes una década después.

Creadora emérita del Sistema Nacional de Creadores de Artes desde 1999, en 2003 se convirtió en miembro del Consejo Internacional de la Danza de la Unesco, mismo año en que ingresó a la Academia de Artes como académica de número.

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