Los muchachos de zinc

Los muchachos de zinc 

Voces soviéticas de la guerra de Afganistán

Svetlana Alexiévich

Debate

México, 2016

Pp. 330


En diciembre de 1979, la Unión Soviética (URSS), que entones encabeza Leonid Brézhnev, decide invadir Afganistán. En los nueve años que duró la guerra participaron 500 mil hombres y mujeres incorporados al Ejército Rojo. Oficialmente murieron en combate 15,051 rusos y 417 desaparecieron. El número de los afganos muertos fue de un millón.

Al inicio de la invasión, la URSS aparecía todavía como una gran potencia y a la retirada, sin haber podido ganar, casi diez años después, el régimen comunista estaba a punto de colapsarse con la caída del muro de Berlín en 1989. Los muyahidín, en Afganistán, con ayuda de Occidente y de las principales potencias musulmanas, resistieron la invasión y obligaron a la salida del Ejército Rojo.

El régimen soviético vendió a los suyos la idea de que se trataba de una guerra “internacionalista” a favor del pueblo afgano. Miles de jóvenes, hombres y mujeres, engañados por la propaganda se incorporaron como voluntarios. Los soldados muertos regresaban a la URSS en ataúdes cubiertos de zinc. Las familias no los podían abrir.

La prensa soviética de aquellos días escondía lo que pasaba, no daba cuenta de los ataúdes que empezaban a llegar y hablaba de que en Afganistán los soldados construían puentes y caminos y que los médicos atendían a las mujeres y los niños afganos. La visión era que el Ejército Rojo y sus soldados eran ejemplo acabado del internacionalismo proletario. Nada de las matanzas y la desaparición de aldeas arrasadas por el fuego soviético.

Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015, con el método que la caracteriza entrevista a decenas de soldados, muchos mutilados, y madres de los caídos en combate. Eso le permite crear un coro de muchas voces que narran la tragedia de la guerra. Ella, de cientos de horas de grabación, selecciona historias y testimonios y construye un poderoso relato de lo que aconteció en esa guerra.

La narración deja en claro que la URSS no estaba preparada, ni material ni moralmente para esa guerra. Se da la voz a los que participaron en ella. La mayoría jóvenes de 20 años que pensaban que combatían por el bien de Afganistán y su país. En los testimonios de combatientes y madres nos damos una idea del absurdo de esa guerra y de la tragedia personal de los que la vivieron y sufrieron sus consecuencias.

Somos testigos del dolor que implica el regreso de los soldados heridos y mutilados y del rechazo social a quienes participaron de la guerra. Que ya entonces se veía como una invasión. Se les acusa de crímenes y de hechos de barbarie. Al tiempo que tiene lugar la guerra en la URSS se viven cambios profundos que ocurren todos los días. La sociedad que los despidió al frente de guerra como héroes los recibe como activistas de una invasión absurda e injusta y como asesinos de mujeres y niños afganos.

En 1990, el libro apareció en ruso y provocó las más variadas reacciones. La autora fue acusada, entre otras muchas cosas, de enemiga de la Patria. En las últimas 66 páginas se expone parte de la demanda que una madre y un soldado entrevistado, apoyados por militares y políticos, levantan contra la autora a la que acusan de tergiversar sus respectivos testimonios. No hay tal. Es una maniobra política.

La autora en su defensa argumenta que: “los libros que escribo son un documento y a la vez mi visión de los tiempos. Yo recopilo los detalles, los sentimientos, no de una vida concreta, sino del aire del tiempo en su totalidad, de su espacio, de sus voces. No invento, no fantaseo, sino que construyo los libros a partir de la realidad misma. El documento es lo que me cuentan, el documento, en parte, soy yo, la artista, con mi propia visión y percepción del mundo”.

En defensa de Alexiévich, en su país se abrió un intenso debate sobre qué es y cuáles son los límites del género de la narrativa documental y el margen de libertad de un autor para elaborar una redacción literaria a partir de testimonios orales. Ella tuvo el apoyo de todo el mundo del pensamiento y también de la población. Solo los sectores más conservadores se manifestaron en su contra. El texto que escribió el presidente del PEN Club de Bielorrusia, V. Bíkov, son una lección importante sobre géneros literarios y periodísticos, y el derecho de los autores.

Título original: Cinkovie málchiki (1990), traducción del ruso al español de Yulia Dobrovolskaia y Zahara García González. Primera edición en español.

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