¿En qué creen los que no creen?

¿En qué creen los que no creen?  

Umberto Eco y Carlo María Martini

Editorial Taurus

México, 1997

Pp. 114


El libro registra el intercambio epistolar entre el cardenal obispo de Milán, el jesuita Carlo María Martini (Turín, 1927-Gallarate, 2012), y el filósofo de la Universidad de Bolonia, Umberto Eco (Alessandria, 1932-Milán, 2016). El diálogo lo promueve la revista italiana Liberal y de marzo de 1995 a marzo de 1996 lo publicó trimestralmente. En 1996 el libro aparece en Italia y la primera versión en español es de 1997.

Los temas del diálogo son: 1) El fin del mundo, 2) El aborto, 3) El sacerdocio de las mujeres y 4) ¿Cuál es la base de la ética? Los tres primeros los propuso Eco y el último Martini. El intercambio entre estos pensadores invita a la reflexión y a que uno mismo se vea obligado a fijar su posición ante los temas del debate. A partir de cuestiones específicas el diálogo se abre a los principales problemas del hombre de hoy en un tiempo de cambio y de profundas dudas acerca del sentido de la vida. Los dos se esfuerzan en encontrar motivos para la esperanza y la celebración de la vida.

El fin del mundo

Eco señala que la Iglesia siempre ha convivido con la idea del Apocalipsis, del fin de los tiempos, pero ahora desde una visión metafórica y sin sentido de catástrofe. En el mundo laico se ha instalado la idea de la posibilidad de un colapso general que ponga fin al mundo, a la vida en la tierra. Se habla del apocalipsis de la política y de la ecología, para mencionar algunos. Ahora estas visiones se argumentan con base a tesis científicas. Eco se cuestiona si en este mundo existe todavía la posibilidad de la esperanza que ilumine el concepto de la historia como un camino de desarrollo y progreso donde el hombre siga siendo el constructor de ese proyecto.

Martini, en respuesta, se pregunta si tiene lugar una esperanza en el sentido que la propone Eco, que valga para creyentes y no creyentes. Se responde que sí es posible. Y esto en razón de la experiencia del trabajo que creyentes y no creyentes realizan para construir un mundo más justo y digno, para todos. Hay que actuar de manera responsable en respeto al entorno. Lo importante es la acción transformadora sin entrar al debate, de suyo estéril, de si se es o no creyente. Hay que buscar las coincidencias al margen de las creencias de unos y otros. La esperanza que surge de esa acción ilumina el futuro y da sentido a la vida.

El aborto

Eco, no apoya el aborto por considerar que atenta contra el milagro, que es el nacimiento de una nueva vida. Una vez dicho esto afirma que no se siente capaz de imponer su criterio a quién no piensan como él. ¿Cuándo empieza la vida humana? No hay consenso sobre el tema. La ciencia no se pone de acuerdo en definir el momento donde comienza la vida y, por lo mismo, el tiempo a partir del cuál ese nuevo ser debe recibir la protección jurídica a la que todos tenemos derecho.

La pregunta es saber en qué etapa del  embarazo ocurre la “humanización” definitiva del nuevo ser. Asume que no es biólogo y tampoco teólogo. E insiste en ¿hasta qué momento se puede intervenir para interrumpir un nacimiento y a partir de qué momento es ilícito hacerlo? Y afirma que o bien el tema no puede ser aclarado, o intervenir es una decisión que sólo debe tomar la madre respondiendo ante el tribunal de su propia conciencia. Y añade que “definir qué es, y dónde empieza, la vida es una cuestión en la que nos jugamos la vida”.

Martini, contesta que la concepción, el surgimiento de la vida, se da al momento que la potencia del ser vivo se transfiere a un embrión que depende de su madre, pero que tiene independencia de la misma. Que es esperado, definido y vivido por sus padres como un tercero. Esa es su posición. En este punto no hay espacio, para ponerse de acuerdo. Coinciden sí, que el aborto siempre es una desgracia y resulta dolorosa para quien lo realiza.

El sacerdocio de las mujeres

Eco cuestiona el sacerdocio exclusivo de los hombres. Justifica su “intromisión” en una decisión exclusiva de la Iglesia en razón del principio de que se pueden expresar opiniones y críticas sobre aspectos relacionados con la ética siempre y cuando no trate de imponer los propios principios a los ajenos a dicho credo. Él no encuentra ninguna razón, para que se impida a las mujeres acceder al sacerdocio.

Martini coincide en que se pueden hacer críticas siempre que se respeten las creencias del otro. Su respuesta la estructura a partir de los “misterios revelados”, que concluye que éstos son eso, misterios, cuya comprensión es tarea de la Iglesia que debe avanzar en su iluminación. Añade que en definitiva la puerta no está cerrada y habrá que ver la evolución futura de las cosas. Piensa que la Iglesia debe de seguir trabajando en la promoción de la mujer.

¿Cuál es la base de la ética?

Martini plantea dos preguntas: 1) ¿Cuál es el fundamento ético de los que no creen en Dios? y 2) ¿Puede haber un terreno común de diálogo ético entre creyentes y no creyentes? Los principios de la ética no deben ser contingentes o negociables, ya que ellos deben establecer los fundamentos sólidos del actuar humano. En búsqueda de encontrar un principio ético que sirva de base para los no creyentes, piensa que éste puede ser la idea de solidaridad entre los hombres. Afirma que existe un terreno común de diálogo entre creyentes y no creyentes. Pone de ejemplo la búsqueda de la paz mundial a través del diálogo entre las grandes religiones.

Eco habla de que la corporeidad ajena nos permite encontrar una base para la ética. El no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros, es decir la llamada “regla de oro”. “La dimensión ética comienza cuando entran en escena los demás”. Y añade que necesitamos de los otros para poder humanizarnos. La “mirada” del otro nos constituye, no podemos crecer ni desarrollarnos sin los demás, incluso los malvados necesitan del amor, del consentimiento, o del elogio de los otros.

Él sostiene que la tentación de hacer el mal está también presente en aquellos que dicen tener una ética fundada en una idea revelada del Bien. Y que lo que ha definido como “ética laica” es en el fondo una “ética natural”. Dice: “El instinto natural, llevado a su justa maduración y autoconciencia, ¿no es un fundamento que dé garantías suficientes?” Alguien que sabe no será perdonado en el cielo busca ser perdonado en la tierra. El ejemplo ético de Cristo no es patrimonio exclusivo de los cristianos. Y concluye diciendo: “considero que, en sus puntos fundamentales, una ética natural – respetada en la profunda religiosidad que la anima – puede salir al encuentro de los principios de una ética fundada sobre la fe en la trascendencia”. Los dos coinciden en que la solidaridad con el hombre es el terreno común de la ética, y de diálogo, entre creyentes y no creyentes.

Versión original: La traducción del italiano al español es de Esther Cohen.

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