La muerte de Virgilio

La muerte de Virgilio
Hermann Broch
Alianza Editorial
Madrid, 2007
pp. 566


La obra de Broch, un clásico de la literatura universal, puede calificarse, así la considero, como una “novela filosófica”. Es un texto denso, a veces difícil de seguir, que al mismo tiempo resulta fascinante. El autor no hace ninguna concesión al lector. Su preocupación, lo logra trasmitir con fuerza, es aportar sus ideas y reflexión sobre los seres humanos y sus circunstancias en un momento terrible para Europa y el mundo. Broch empezó a escribir su obra en 1938, tras las cinco semanas que estuvo encarcelado en Alt-Ausse, después de ser detenido por la Gestapo. En ese mismo año huye a Inglaterra y después emigra a Estados Unidos, para trabajar en la Universidad de Princeton.

El tiempo de la escritura de esta obra monumental va de 1938 a 1945, los años del ascenso y la derrota del nazismo, que son también los de Segunda Guerra Mundial. El libro, escrito originalmente en alemán, sale a la luz en 1945 cuando también aparece la versión en inglés. En la cuarta de forros unas líneas describen con radical exactitud el contenido de la obra: “En la novela, el poeta Virgilio, en las horas anteriores a su muerte, cae en un duermevela en el que se funden el pasado, el presente, el sueño y la vigilia, lo tangible y la alucinación. Dilatada al máximo su capacidad de percepción por su progresivo desprendimiento de la realidad lleva a cabo un minucioso análisis de su entorno físico y mental que se corresponde en la forma con una investigación profunda de las posibilidades del lenguaje”.

En el texto Broch, a partir de Virgilio que se enfrenta a la muerte, reflexiona de manera amplia y profunda, filosofa, sobre todos los temas posibles: La vida y la muerte; la persona y la comunidad; el bien y el mal; Dios y la religión; la belleza y el arte; el Estado y el poder; el amor y el odio; la soledad y el abandono; la desesperación y el limite; la decepción y la ingratitud; el poeta y la poesía; la angustia y el horror; la locura y la lucidez; lo infinito y lo finito; la verdad y la mentira; la esperanza y la desesperanza; la acción divina y humana; el símbolo y la literatura; la salud y la enfermedad; la pureza y la impureza; la honestidad y la corrupción; la oración y la duda; el lenguaje y la arquitectura. La extensa disertación sobre Roma y el César es un tratado de filosofía política de muy altos vuelos.

Cada frase está pensada, para expresar con exactitud lo que se quiere decir. En el aparente lirismo de la reflexión no hay lugar a la improvisación. La escritura está pulida, cincelada, para que plasme y refleje de manera exacta lo que se piensa. El lenguaje es limpio y las palabras precisas. El conjunto, la forma y el contenido, son deslumbrantes. Se está frente a una obra absolutamente mayor. Comparto plenamente lo que se dice en la cuarta de forros: “Combinando la reflexión filosófica con la lírica y el análisis psicológico, elabora un largo poema en prosa de un barroquismo delirante que desafía las normas de la narrativa tradicional”. La traducción es muy buena y la fuerza del texto siempre se sostiene. Un trabajo muy difícil, que está muy bien logrado.

La reflexión de Broch en medio de la guerra, del mundo donde vive que se viene a tierra, vale también para hoy y mañana. Es un pensamiento de carácter filosófico, pero escrito a la manera que solo lo puede hacer un literato de amplia culta y formación filosófica como la suya, que trasciende espacio y tiempo. Están ahí las dudas y las preguntas profundas, radicales, que se hace todo ser humano en cualquier etapa de la historia. En cuanto a su propósito y densidad pienso, la obra se asemeja a La montaña mágica, de Thomas Mann, pero esta es todavía más conceptual y filosófica.

A lo largo de toda la obra, Broch demuestra un profundo conocimiento de la historia, la mitología, la cultura y la literatura clásica. Discute con los grandes autores griegos y romanos entre los que se encuentran Horacio, Ovidio, Tiestes, Lucio, Cátulo y desde luego el propio Virgilio. En el texto hay referencia constante a la mitología del mundo clásico y una mención permanente a los dioses griegos y romanos. La obra se puede leer en forma consecutiva, de la primera a la última página, pero también abordando, de manera indistinta, cada una de sus cuatro partes: Agua-El arribo; Fuego-El descenso; Tierra-La espera; Éter-El regreso.

Versión original: Der Tod des Vergil, RheinVerlag A.G., Zürich, 1945. Esta es la versión de J.M. Ripalda sobre la traducción al español de A. Gregori. La primera edición de Alianza Editorial es de 1979. Esta de 2007 es la catorce y la segunda en versión de J.M. Ripalda.

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