El imperio eres tú

El imperio eres tú
Javier Moro
Editorial Planeta
México, 2011
pp. 553


La historia de la monarquía portuguesa en Brasil y la constitución de la casa reinante en los territorios coloniales y después como país independiente. El rey Juan VI, de la casa Braganza, casado con Carlota Josefina, hermana de Fernando VII, rey de España, de la casa Borbón, abandona Portugal, el 26 de noviembre de 1806. La corte en pleno se traslada a Brasil huyendo de la invasión napoleónica a la península Ibérica.

El rey Juan VI permanece en Brasil hasta 1821 cuando después de 14 años regresa a instalarse en Lisboa a donde arriba el 4 de julio de ese mismo año. Pedro, el hijo mayor del rey, contrae matrimonio con Leopoldina, de la casa de Hasburgo, hija de Francisco II, el emperador del imperio austro-húngaro, en noviembre de 1817. Del matrimonio nacen: María de la Gloria (1819-1853), futura reina de Portugal; Miguel (1820); Juan Carlos (1821-1822); Januaria María (1822-1901); Paula Mariana (1823-1833); Francisca (1824-1898) y Pedro de Alcántara (1825-1891), futuro Emperador del Brasil, con el nombre de Pedro II.

A partir de Leopoldina, el autor describe el papel de las mujeres de la nobleza, que todavía en el siglo XIX, consistía en tres grades tareas: casarse con otro noble y abandonar la casa paterna desde muy joven; aguantar y someterse, sin más, a su marido; garantizar la sucesión dando hijos sin parar. Leopoldina muere en 1826 y su vida raya en la tragedia. Pedro I casa de nuevo con la princesa Amelia de Beauharnais (1812-1873) en octubre de 1929. Del matrimonio nace María Amelia (1831-1853).

La obra permite conocer la problemática del rey que se ve en la necesidad de gestionar un gobierno independiente a Portugal. Al principio Pedro I permanece como regente, pero para hacer frente a los reclamos de los nacionalistas “rompe” con la casa reinante de Portugal y declara la independencia de Brasil el 7 de septiembre de 1822. El 12 de octubre de ese mismo año es proclamado emperador y coronado formalmente el primero de diciembre.

Los ideales liberales de Pedro I pronto quedan en el olvido y hace aprobar una Constitución, proclamada el 24 de febrero de 1824, que le otorga poderes casi absolutos. El emperador se enfrenta a intentos separatistas, que logra controlar, pero es incapaz de evitar la declaración de la independencia, en 1825, de la Provincia Cisplatina (hoy Uruguay), que había sido anexada a Brasil en 1821.

Pedro I, a la muerte de su padre, decide sucederle como rey de Portugal, pero frente a la amenaza que representan los seguidores de su hermano Miguel, abdica el 12 de mayo de 1826 a favor de su hija, María II, que deberá casarse con su tío Miguel. En ese entonces María tiene siete años. En medio del desprestigio personal y una crisis económica y política Pedro I, para salvar la monarquía, abdica como emperador de Brasil, a favor de su hijo Pedro II, el 7 de abril de 1831.

De regreso a Portugal se enfrenta a su hermano Miguel que había usurpado el trono. En 1834 lo derrota y el trono vuelve a manos de María II, su hija. En 1834, a los 35 años, Pedro I muere en Lisboa, a causa de una tuberculosis en Queluz, el palacio donde había nacido. Pedro II, el hijo de Pedro I, es derrocado en 1888 y se declara la república. Se exilia en Francia donde muere en diciembre de 1891.

El “retrato” que el autor hace de Leopoldina, la culta princesa europea, y de Domitila de Castro, la amante brasileña de Pedro I, resultan atractivos. Son expresión de dos mundos culturales distintos. Lo es también el retrato de Noémie, la joven francesa con la que vive su primer amor. Es muy interesante la figura de José Bonifacio, el inteligente y culto mentor de Pedro, amigo de Leopoldina y ministro del rey, que después será apartado de la corte. Un personaje peculiar, nunca de primer orden, pero siempre presente, es Chalaza, el amigo personal del rey que lo acompaña a lo largo de su vida.

El autor al final del texto escribe una nota: “Los acontecimientos aquí narrados han existido realmente. Los personajes, las situaciones y el maro histórico son reales, y su reflejo fruto de una investigación exhaustiva. He dramatizado escenas y recreando diálogos sobre la base de mi propia interpretación para contar por dentro lo que los historiadores han contado desde fuera” (p.548). La lectura de la novela, que abunda en la historia familiar, pero también en fechas, descripciones de revueltas y discusiones en el parlamento, deja esa sensación. Me quedo con la idea que es una novela, pero que está muy bien documentada en textos y documentos históricos. En la bibliografía se ofrecen 55 títulos sobre la historia de la monarquía brasileña a los que recurrió el autor, para escribir la obra. (La novela es Premio Planeta 2011)

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