Dios, el diablo y la aventura

Dios, el diablo y la aventura
Javier Reverte
Debolsillo – Random House Mondadori
Barcelona, 2010
pp.239


Un acercamiento a la figura y trabajo del jesuita español Pedro Páez Jaramillo (1564-1622) que misionó en Etiopia de 1600 y hasta su muerte. La figura de Páez, que por mucho tiempo se pensó era portugués, es poco conocida a pesar de sus extraordinarias aportaciones, que incluyen ser el primer europeo que vio las fuentes del Nilo Azul, y de las obras que publicó, entre ellas la monumental Historia de Etiopía (1528), de la que se sabe que redactó el prólogo cinco días antes de su muerte, el 25 de mayo de 1622.

De la obra de Reverte destaca la metodología y la manera de articular, de escribir, el texto. Es un viajero, que dese el hoy de Etiopía, dialoga con el tiempo pasado en el que vivió Páez. El aborde del trabajo es multidisciplinar (historia, literatura, misionología, antropología, geografía, economía, viajes y periodismo) y las fuentes son abundantes. Estudia la obra del jesuita, hay una referencia constante a la Historia de Etiopía, pero también los trabajos de Jerónimo Lobo (1640) y Emmanuel d’Almeyda (1660), también misioneros jesuitas.

Para acercarse a la historia de Etiopía y situar la figura de Páez revisa las obras clásicas de Elliot, Linch, Koenigsberger y Maravall, entre otras, y para dejar en claro los aportes del jesuita recurre a los trabajos de exploradores y viajeros como el escocés James Bruce (viajó en 1769); John Hanning Speke y Richard Francis Burton (viajaron entre 1859 y 1862) y también a los más modernos R.E. Chessman (1936), Alan Moorehead (1962) y B. Brander (1966).

La redacción de Reverte, que es directa y ágil, es la propia de un periodista informado y serio, pero también la de un historiador que a partir de las fuentes a su disposición intenta, con imaginación y también rigor, reconstruir lo que en su tiempo puedo haber sido el personaje. La forma del texto es la de un relato biográfico que en pocas páginas logra decir mucho porque previamente hay un trabajo serio que le permite articular una síntesis que resulta ilustrativa e iluminadora.

En la cuarta de forros de Páez se lee: “fue un hombre de cualidades excepcionales: políglota, hombre de acción, intelectual y arquitecto, convirtió a dos emperadores etíopes a la fe de Roma, recorrió antes que ningún otro europeo los territorios del sur del Yemen, levantó un palacio en piedra de dos plantas en las orillas del lago Tana y dejó escrito en portugués un imponente libro –no traducido al castellano- de carácter científico referido a Etiopía”.

De la Historia de Etiopía, se publicó completa por primera vez en 1949 en portugués y en español hasta 2009, el propio Reverte, pero también otros estudiosos comentan que Páez cuida sus fuentes y las explicita, al mismo tiempo que reacciona de manera crítica ante otros textos, es el caso del escrito por el dominico español Luis de Urreta (Valencia, 1610), construido con narraciones de segunda mano, y que está lleno de errores. El jesuita en su historia hacer referencias constantes, como lo hace ver Reverte, al rigor de su trabajo: “traducí (sic) fielmente” de las informaciones recogidas de “las personas más fidedignas”; “principalmente, hablaré de lo que he visto y de la experiencia…”. Algunos especialistas consideran que el texto de Páez es una pieza maestra del siglo de oro hispano o hispanoportugués de la información que se conoce muy poco y ha sido relegado al académico rincón de las “fuentes primarias”.

El texto de Reverte narra la vida de un personaje formidable en el contexto de la época de los difíciles y azarosos viajes de los navegantes portugueses por el Océano Índico y del proyecto misionero que los jesuitas montan a los muy pocos años de su fundación. El padre Páez es una figura singular y muy atractiva, pero no es única, él sigue el camino que otros de sus compañeros emprendieron en el siglo XVI y XVIII.

Pedro Páez Jaramillo, S.J.
Nació en 1564, cerca de Madrid, en Olmeda de las Cebollas, hoy Olmeda de las Fuentes y murió en Gorgora, Etiopía, el 25 de mayo de 1622). Estudió en el colegio de los jesuitas en Belmonte (Cuenca), hoy Belmonte de Gracián, Zaragoza, donde entabló amistad con uno de sus profesores, el teólogo navarro Tomás de Ituren, y también en la Universidad de Alcalá de Henares. Realizó una posterior estancia en la Universidad de Coímbra y hacia 1585 partió camino de Goa.

Después de estar un año en el Colegio de San Paulo en Goa, partió, junto al también jesuita Antonio de Montserrat hacia la misión de Etiopía. Por entonces, dicha misión se encontraba en punto muerto, tres de los cinco misioneros anteriores habían muerto y apenas existía comunicación con la casa “madre” de Goa. El objetivo de Páez y Montserrat era reforzar el equipo misionero. En el puerto de Diu, sin encontrar navío alguno, los dos misioneros decidieron zarpar para Mascate (Omán), bajo dominio portugués desde 1508. Allí fueron engañados por un comerciante local que les prometió pasajes para Etiopía y al poco de dejar el puerto fueron hechos prisioneros en Yemen. Seguirían siete años de cautiverio. Serán los primeros europeos en cruzar el desierto de Hadramaut, al sur de Yemen, y parte del desierto de Rub al-Jali, la extensión de arena más grande del mundo, en la península Arábiga.

En 1595, fueron rescatados y volvieron a Goa, donde Montserrat murió. En 1603, Páez, disfrazado de armenio, inició un nuevo viaje hacia Etiopía. Llegó a Massawa y posteriormente a Fremona, donde se encontraba la base jesuita. Durante este viaje, el rey le ofreció una extraña bebida, que tomó y, por lo tanto, fue el primer europeo que probó el café, que Paéz describiría después. A diferencia de su predecesor, Andrés de Oviedo, Paul. B. Henze le describe como una persona gentil, culta y considerada hacia los sentimientos de los demás.
Su conocimiento del amárico y el ge’ez, lengua en la que están escritos los textos sagrados, le sirvió para convertir al catolicismo emperador Za Dengel, que entonces abandona la Iglesia ortodoxa etíope, a pesar de la advertencia de Páez de que no anunciase la noticia con demasiada rapidez. De hecho, cuando Za Dengel proclamó cambios en la observancia del Sabbath, Páez se retiró a Fremona, desde donde observó la guerra civil que terminó con la muerte del emperador.

La precaución del jesuita español fue muy importante para lograr la confianza del sucesor de Za Dengel, Susinios Segued III, que fue coronado emperador en 1607. Susinios dio a Páez concesiones de tierras en la península de Gorgor al norte del lago Tana, donde creó un nuevo enclave construyendo una iglesia de piedra. Finalmente Paéz, poco antes de morir, también convirtió al catolicismo a Susinios.

Páez, en unos de sus viajes con Susinios, fue el primer europeo en llegar a las fuentes del Nilo Azul, en 1618, ciento cincuenta años antes de que el escocés James Bruce afirmara haberlo conseguido. Acerca de este hecho, Páez dejó escrito: «Confieso que me alegré de ver lo que tanto desearon ver el rey Ciro, el gran Alejandro y Julio César».

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