Catalina, La Grande

Catalina, La Grande
El poder de la lujuria
Silvia Miguens
Editorial Lectorum
México, 2007
pp. 253


La autora aborda la vida de Catalina II, desde el ámbito de la familia, las intrigas palaciegas y los amantes que supuestamente siempre acompañaron a la zarina. Hay referencias marginales a su acción como gobernante. Se narra cómo Sophie Friederike Auguste von Anhalt-Zerbst, apodada “Figchen”, princesa alemana de menor rango, llega a convertirse en lo que fue. La elección de Sophie como esposa del zar Pedro de Holstein-Gottorp se debió a la gestión de Federico II de Prusia, para estrechar las relaciones con Rusia.

A la zarina Isabel, que entonces gobernaba, había estado prometida al tío de Sophie, hermano de su madre, Carlos Augusto, que murió en 1727 antes realizarse la boda. La madre de Sophie, Juana Isabel, se propuso su hija se casara con Pedro. La zarina Isabel la obligó a salir de Rusia acusada de espía del rey de Prusia, pero a ella siempre le gustó Sophie y finalmente el matrimonio se celebró en 1745.

La novela describe como Sophie trató siempre de congraciarse con la zarina, su marido y el pueblo ruso. Aprendió el ruso. El 28 de junio de 1744 fue bautizada en la Iglesia Ortodoxa con el nombre de Catalina. Se casa con Pedro, el 21 de agosto de 1745 en San Petersburgo. Estos se instalaron en el palacio de Oranienbaum, que sería la residencia de esta corte durante 54 años.

El texto sugiere, eso también dicen los historiadores, que el matrimonio fracasó por la impotencia e inmadurez de Pedro, que durante años no lo pudo “consumar”. Toma como amante a Yelizabeta Vorontsova mientras que Catalina hace lo mismo con Sergéi Saltykov, Charles Hanbury Williams y Estanislao Poniatowski. La hermana de la amante de Pedro, Yekaterina Dáshkova, es quien la relaciona con políticos inconformes con su marido.

A la muerte de la zarina Isabel, el 5 de enero de 1762, Pedro sube al trono como Pedro III y la pareja se traslada al nuevo Palacio de Invierno en San Petesburgo. San Petersburgo. Así, Catalina se convierte en zarina consorte de Rusia. La política y las maneras del nuevo zar lo enfrenta con grupos poderosos, entre ellos la Iglesia. La Guardia Imperial Rusa, al mando de Grigori Orlov, amante de Catalina, se rebela y depone al zar y ella es proclamada como la nueva gobernante. Los hechos suceden entre el 13 y el 14 de julio de 1762.

A los seis meses de asumir el trono y a los tres de su deposición, el 17 de julio de 1762, Pedro III es asesinado en Ropsha a manos de Alekséi Orlov (hermano menor de Grigori). No queda claro si ella lo ordenó o fue decisión de sus aliados. En la novela no se dice que el ascenso al trono fue posible, aunque no descendía de zares rusos, porque existía el precedente de que Catalina I, que tampoco era rusa, sucedió a Pedro I en 1725. Al subir al trono una parte de la nobleza lo consideró usurpadora, pero aceptó la situación mientras su hijo Pablo fuera menor de edad. En la década de 1770, un grupo de nobles cercanos a Pablo consideró la posibilidad de deponer a Catalina con un nuevo golpe de Estado, para transferir la corona a su hijo, pero no se llevó a cabo, y Catalina reinó hasta su muerte.

La obra, como también la historia, considera a Catalina II una inteligente, culta, hábil y apasionada. Registra que a lo largo de su reinado tuvo muchos amantes. Después de Gregorio Potemkin, viene Aleksander Dmítriev-Mamónov y su último amante fue el príncipe Zúbov, 40 años menor. Ella siempre se mostró generosa con sus amantes, que eran elevados a altos cargos en el tiempo que fueron favoritos y después de dejarlos les concedía tierras y siervos.

La novela plantea, como también los hace la historia, que Catalina tuvo a su hijo Pablo con Sergéi Saltykov, su primer amante. Ya viuda salió de la corte para dar a luz a su segundo hijo, Alekséi Bobrinskói, que engendró con su amante Grigori Orlov. Alekséi fue convertido por Pablo en conde Bobrinskói. Al parecer Catalina pretendió excluir a Pablo de la sucesión, para dejar la corona a su nieto mayor, Alejandro, después zar Alejandro I. Ella desconfiaba de las capacidades de Pablo a quien siempre mantuvo apartado.

El 17 de noviembre de 1796 cuando Catalina la Grande se disponía a tomar un baño sufrió un ataque fulminante de apoplejía que acabó con su vida. Fue enterrada en San Petersburgo con gran solemnidad y la corona finalmente pasó a manos de su hijo Pablo. Ella mantuvo amistad y comunicación con los padres de la Ilustración francesa como Diderot, Montesquieu y Voltaire, a quienes de una u otra manera ayudó.

La obra se lee con facilidad y ofrece una visión de un aspecto de lo que pudo ser la vida de Catalina. La autora no logra penetrar en la piscología de los personajes y el texto resulta más bien una descripción clara y verosímil de la historia que cuenta, pero no más. La novela me permitió recordar la vida de Catalina y releer algunos aspectos de su biografía.

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