Anatomía de un instante

Anatomía de un instante
Javier Cercas
Mondadori, Debolsillo
México, 2010
pp. 463


En el prólogo, que titula Epílogo de una novela, Cercas planta que se proponía hacer La novela, con mayúsculas, del intento del golpe de Estado del 23 de agosto de 1981, pero que a medida que se introducía en el tema la realidad resultaba superior a cualquier novela. De manera tal que se propuso contar los hechos. A partir de la investigación histórica, pero también del reportaje periodístico y el ensayo, reconstruye y explica lo que sucedió hasta llegar a las 18.23 del 23-F cuando los guardias irrumpen en el Congreso de los Diputados.

El golpe, como sabemos, fracasó y así, plantea Cercas, “el propósito de las páginas que siguen consiste en dotar de una cierta dignidad a ese fracaso. Esto significa de entrada intentar no arrebatarles a los hechos la fuerza dramática y el potencial simbólico que por sí mismos poseen, ni siquiera su inesperada coherencia y simetría y geometría ocasionales; significa asimismo intentar volverlos un poco inteligibles, contarlos sin ocultar su naturaleza caótica…”.

El tratamiento del tema es el propio de una autopsia a partir de ordenar y dar sentido a los hechos que en más de una ocasión ya han sido narrados a lo largo de estos últimos treinta años. En los casos en los que todavía permanecen dudas o falta información arriesga distintas hipótesis que presente, para después él mismo decidirse por la que le perece la más sólida.

Documenta muy bien cómo todos los actores de la sociedad española, incluido el Rey y el PSOE, contribuyeron a crear un clima a favor del golpe con la descalificación permanente que hacían de Adolfo Suárez y su última gestión. Esta actitud, que se manifestaba de manera abierta y reiterada, ofreció material para que los militares franquistas y monárquicos, que no siempre coinciden, caminaran en dirección de organizar un golpe, para destituir a Suárez, y poner en la jefatura de gobierno a un militar.

En el texto Cercas se propone ser riguroso, también exacto, a la hora de presentar a los actores y en su descripción siempre ofrece el lado luminoso, pero también obscuro de los mismos, incluido el Rey, Suárez, Carrillo y también de los golpistas. Queda claro que el cerebro del golpe es el general Alfonso Armada, que antes había estado muy cerca del Rey, que pretendía ser nombrado, en negociación con el Congreso y aprobación el Rey, como Presidente de un Gobierno de coalición.

Al negarse a jugar el papel que le había asignado Armada en el golpe, el Rey se convierte en la principal causa del fracaso de los golpistas. El hecho queda “consagrado” en su salida a la televisión a las 01.30 de la mañana del 24 de agosto en la televisión, pero él ya había dado otros pasos, para evitar que los golpistas pudieran triunfar. El papel de Sabino Fernández Campo (secretario general de la casa del rey) resulta clave en la asesoría y acompañamiento del Rey.

El Rey autoriza a Armada para que se presente en el Congreso y hable con Tejero, que lo tiene tomado, pero no puede hablar a su nombre. La conversación de Armada y Tejero, éste franquista y no monárquico, no prospera y al final se queda sólo. La posibilidad de un golpe de Estado blando ha terminado y ahora sólo queda la del golpe duro, pero tampoco ya tienen posibilidades. El aislamiento de Tejero es total. Lo que queda es negociar cómo se entrega él y los que lo acompañan. Cercas también aborda el juicio a los culpables y la actitud “benevolente” de los juzgadores que invitaban con ella a que no había consecuencias si se intentaba otro golpe de Estado.

El recurso que Cercas utiliza de volver, una y otra vez, a la grabación que hizo Televisión Española del momento es muy bueno. Destaca el comportamiento durante la toma de tres personajes que no se escondieron debajo de sus escaños como ocurrió con el resto, durante la tomo de los guardias: el presidente Suárez, el vicepresidente Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo (diputado del Partido Comunista de España). De los tres hace una extensa semblanza. La de Suárez la más acabada y extensa.

A lo largo del texto se introduce y desarrolla temas fundamentales de la historia y la política que trata a manera de ensayos insertos en el desarrollo de los hechos que narra y reconstruye. Entre ellos está la idea de los “héroes de la retirada” concepto creado por Hans Magnus Enzensberger. Aborda también el concepto de la democracia y el de la ética en la política. Las reflexiones que propone son siempre ilustradas y revelan una enorme cultura.

En el epílogo, que titula Prólogo de una novela, con mucha inteligencia vuelve sobre el tema y se pregunta si la historia que ha escrito no es al final otra cosa que una novela. Cuenta que el 17 de julio de 2008, la víspera de la última vez que Adolfo Suárez apareciera en púbico en aquella foto donde el rey y él están de espaldas, enterró a su padre. Con él, que era un suarista, platicaba de política. A la mejor, se dice, ha escrito éste libro, para seguir platicando con su padre.

El texto está muy bien escrito y resulta muy ágil. Resuelve muy bien la construcción de la historia y siempre mantiene el interés. Se está frente a un modelo de escribir la historia o la novela. ¿Qué será?

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