Historia del narcotráfico en México

Historia del narcotráfico en México
Apuntes para entender al crimen organizado y la violencia
Guillermo Valdéz Castellanos
Editorial Aguilar
México, 2013
pp.483


El libro de Guillermo Valdéz Castellanos, quien cinco años fue el director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) durante el gobierno del presidente Felipe Calderón (2006-2012), se divide en dos partes: la primera, que ocupa las dos terceras partes del texto, da cuenta de la historia del narcotráfico en México, y la segunda, la otra tercera parte, plantea la estrategia que siguió el gobierno de Calderón, para combatir al narcotráfico.

La reconstrucción de la historia, realizada desde la lógica de un analista crítico, ofrece una versión muy completa de la evolución de las organizaciones dedicadas al narcotráfico desde la década de los años veinte del siglo pasado a la actualidad.

Se hace una revisión exhaustiva de la bibliografía y los autores mexicanos y estadounidenses que han investigado sobre la historia del narcotráfico a lo largo del siglo XX y principios del XXI. El autor, a partir de las investigaciones a las que recurre, que las más de las veces se ocupan sólo de una organización, elabora una historia detallada y coherente de las distintas etapas del narcotráfico en México.

La elaboración de esta historia es un trabajo valioso que además de presentar los hechos ofrece un análisis sugerente de los distintos períodos de la historia del narcotráfico en el país. Se interpretan las condiciones del contexto económico y político, la acción del gobierno de Estados Unidos, la implicación de las autoridades mexicanas y, desde luego, las características que adoptan las organizaciones dedicadas al narcotráfico.

El autor en este esfuerzo analítico dialoga también con los teóricos que a nivel mundial trabajan sobre el tema de la violencia y el crimen organizado. Considero que esta primera parte del libro se va a convertir en un referente obligado, un texto de consulta, sobre la historia del narcotráfico en México.

La segunda parte del texto, escrita desde la lógica del funcionario público, se proponen dos cosas: De un lado, responder a las críticas, nunca se dan nombres, de quienes no estuvieron de acuerdo con la estrategia de “guerra” implementada por el presidente Calderón para enfrentar al narcotráfico y, de otro, dar cuenta de los supuestos buenos resultados que tuvo la aplicación de la misma.

He sido crítico de la estrategia que adoptó el gobierno de Calderón y junto con Jorge G. Castañeda escribí dos libros (El narco: la guerra fallida, Punto de Lectura, 2009 y Los saldo del narco: el fracaso de una guerra, Punto de Lectura, 2012) que analizan la estrategia adoptada por Calderón y se ofrecen datos para probar el fracaso de la misma. El análisis en extenso se puede ver en los textos referidos.

Mi lectura de esta segunda parte del libro, que ofrece la visión del director del CISEN, está necesariamente condicionada por la crítica contendía en los libros citados, pero también en artículos periodísticos y entrevistas de radio y televisión a lo largo del gobierno calderonista, de manera particular a partir de 2009.

El autor en el desarrollo de esta parte del texto, que participó de la estrategia implementada por el gobierno de Calderón, ofrece la que pienso es la mejor, la más argumentada e inteligente, de las defensas de la estrategia de ese gobierno en la lucha contra el narcotráfico. Se presentan las líneas del diagnóstico que el gobierno hizo de la situación y las medidas que se tomaron, para hacer frente a la misma.

En su versión era lo que se debía hacer, pero a pesar del aumento de la violencia, que trata de explicar, y del evidente fracaso de la estrategia, en ningún momento hay alguna referencia crítica a lo realizado por el gobierno. En la visión del funcionario todo lo que el gobierno en el que participó estuvo bien hecho.

En la lectura que hago del texto no encuentro referencias a la violación de los derechos humanos y a los desaparecidos, situaciones registradas por los organismos internacionales, tampoco a la actuación del Ejército y la Marina y ningún comentario a la desastrosa política de comunicación que también fue parte de la estrategia, que tuvo a Calderón como la figura central.

Las dos partes del libro están hechas desde lógicas distintas, la primera, como ya se dijo, es la visión del analista y académico, la segunda, la del funcionario leal que justifica, de manera acrítica, lo que hizo el gobierno en el que participó. Si el autor en esta segunda parte asume la óptica de la primera sin duda el resultado de su trabajo hubiera sido distinto.

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