El territorio interior

El territorio interior
Yves Bonnefoy
Editorial Sexto Piso
México, 2013
pp. 125


El poeta Homero Aridjis publicó en La Jornada Semanal(09.02.14) un estupendo artículo sobre Yves Bonnefoy, de él tomo información e ideas para hacer esta reseña.

En Francia se considera a Bonnefoy como el poeta de mayor importancia desde el fin de la II Guerra Mundial a nuestros días. Se le reconoce también como un gran crítico, ensayista y traductor.

Son célebres sus reflexiones o meditaciones sobre el arte y la literatura, que evidencian una gran erudición, que no asusta al lector, sino lo anima, dice Aridjis, “a seguirlo con certidumbre por el laberinto del conocimiento”. El tema central de su poesía, también de sus ensayos, es el arte, el ser y el acto de creación. Bonnefoy ha escrito: “Amo la tierra, y lo que veo me deleita, llegando a veces a creer que la línea continua de las cimas, la majestad de los árboles, la vivacidad del agua avanzando por el fondo de una barranca, la fachada elegante de una iglesia –porque en algunos lugares y a ciertas horas son tan intensas– deben haber sido creados para nuestro beneficio.”

De los años de su infancia Bonnefoy ha escrito: “La poesía es la memoria de esos instantes de presencia, de plenitud experimentada durante los años infantiles, seguida por la aprehensión del no-ser que yace debajo de esos instantes y que se traduce en duda, y luego por esa indecisión que constituye la vida; pero que también ella es una reafirmación, representa nuestra voluntad de que debe de existir un sentido en el momento en que el sentido desaparece.”

En Tours y en la Universidad de Poitiers estudia matemáticas y filosofía, y a los veinte años va a París, para seguir estudiando esas disciplinas, más historia de la ciencia en la Sorbona. Entre sus maestros está Gaston Bachelard y Jean Wahl. Bajo la influencia de este último escribió una tesis sobre Baudelaire y Kierkegaard. Durante la guerra trabajó preparando estudiantes para pasar el bachillerato en matemáticas y ciencias naturales. En sus años parisinos frecuentó a los surrealistasy conoció a André Breton, cuando regresó a Francia después de pasar la guerra en Nueva York. En 1947, Bonnefoy rompió relaciones con él cuando se negó a firmar un manifiesto llamado “Ruptura inaugural”.

En 1950 visita por primera vez Italia con una beca de dos meses, para estudiar la obra de Piero della Francesca. Afirma que a partir de ese viaje Italia se convirtió en parte del arriere-pays, el territorio interior, el lugar donde más se abandonó a los sueños. En 1972 escribe el libro que ahora comentamos, que es clave para comprender, como afirma Aridjis, “su proceso creativo y su espíritu poético, L’Arriere-Pays, que se podría traducir como la tierra adentro o el territorio interior”.

La primera frase del libro nos introduce en ese territorio: “Siempre un cruce de caminos me ha provocado una sensación de ansiedad. En tales momentos me parece que aquí, o cerca, unos pasos más sobre el camino que no escogí y que ya está retrocediendo –que justamente allá una especie de campo más elevado se revelaría, donde hubiese podido irme a vivir, y que ya he perdido. Me obsesiona todo lo que da crédito a la existencia de este lugar.”

Bonnefoy, comenta Aridjis, “nos ha enseñado a ver con ojos de otro mirar los mosaicos bizantinos en Ravenna, los pintores italianos del quattrocento, Piero della Francesca, Masaccio, Uccello, y Fra Angelico, la arquitectura barroca, lo espantoso y lo humano en las pinturas del Goya de la Quinta del Sordo, y a pintores tan variados como Giovanni Bellini, Andrea Mantegna, De Chirico, PietMondrian y Edward Hopper, y al escultor Alberto Giacometti, amigo suyo”.

En L’Arriere-Pays (El territorio interior) Bonnefoy hace una bellísima reflexión sobre el Renacimiento Italiano, de manera particular el quattrocento, y de los artistas que participan en este formidable período de la historia del arte en Occidente. La forma en que escribe sus reflexiones me recordó mucho a la manera como el alemán HermannBroch reflexiona sobre la muerte de Virgilio en un texto que ya es un clásico de la literatura universal que escribe entre 1938 y 1945 y que puede ser calificado como “novela filosófica” (La muerte de Virgilio, Alianza Editorial, Madrid, 2007).

En este caso la obra de Bonnefoy puede ser calificada como “crítica poética”. En su meditación-reflexión se adentra, con un gran conocimiento técnico, que traduce en poesía, en la perspectiva de los pintores del quattrocento que es una manera de “emerger de la noche oscura a la luz del día y escribe sobre la misma que “la perspectiva es sin duda peligrosa, porque es capaz de crear en la mente la idea de un otro lugarque sólo puede ser una trampa”, pero la perspectiva “puede permitirnos construir en el otro lugar del deseo nuestros castillos metafísicos imaginarios”. Más del territorio interior, afirma Aridjis.

La edición tiene 34 imágenes de pinturas, esculturas y fotografías. Las obras son de distintas etapas de la pintura, pero buena parte corresponden a artistas italianos del quattrocento. Se añade el Postafio de septiembre de 2004 con motivo de la primera edición en italiano, 30 años después de que apareció la primera versión en francés. El autor recuerda el tiempo de su visita a Italia y añade reflexiones sobre su experiencia con los grandes pintores del Renacimiento italiano.

En 2013, la FIL otorgó el premio de ese año a Bonnefoy. El acta del jurado dice: “El día 7 de septiembre de 2013 se reunió en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el jurado calificador de la XXIII edición del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, correspondiente al año 2013, integrado por Horácio Costa, de Brasil; Hugo Gutiérrez Vega, de México; Mariapia Lamberti, italo-mexicana; Esperanza López Parada, de España; Simona Sora, de Rumania, y sesionado vía telefónica, Benedetta Craveri, de Italia, y Pascal Gabellone, de Francia. Una vez examinadas las candidaturas que se presentaron, el jurado decidió, tras cuidadosa deliberación, conceder por unanimidad el galardón a Yves Bonnefoy.

Nacido en 1923, Yves Bonnefoy es poeta, narrador, ensayista, crítico y traductor, miembro del Collège de France. La suya es una poética muy sofisticada en contraste con una dicción sencilla, que renueva el lenguaje de las artes contemporáneas a cuyo análisis ha dedicado títulos fundamentales del pensamiento como L’improbable (1959) La Seconde simplicité (1961), L’Arrière-Pays (1971), Le Nuage rouge (1977), La Vérité de parole (1988), Récits en rêve (1987). Yves Bonnefoy fue testigo de las experiencias humanas del siglo XX a las que se enfrenta con toda la generosidad y la agudeza de su producción crítica y poética, dentro de las que es capaz de hermanar la tradición con el presente. Así vinculado en primera instancia al surrealismo, integra la vanguardia a los grandes pilares de la modernidad poética, tales como Baudelaire, Celan o Rimbaud, en el que se centra su reciente publicación ensayística, Notrebesoin de Rimbaud (2009). Renovador de los géneros, es autor de una amplísima obre creadora en la que destacan títulos como Anti-Platon (1953), Pierre écrite (1965), RueTraversière (1977), L’Encoreaveugle (1997), La Pluied’été (1999), Le Ca’ur-espace (2001), Les Planches courbes (2001), entre otros. Es además editor de aquella obra magna que constituyen los cuatro tomos de su Dictionnaire des mythologies et des religions (1981), obra que innova el proceder mitocrítico para la exégesis de la tradición occidental”.

Título original: L´Arriére-pays, Editorial Gallimard, 2003. La traducción del francés es de Ernesto Kavi.

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